Presentación Mejor que muerto (Random House) de Fidel Moreno, novela tragicómica sobre la masculinidad contemporánea. En conversación con Héctor Márquez.
07/03/2025 - 19:00 - Librería Proteo - Pta. de Buenaventura, 3 - Málaga
Entrada libre hasta completar el aforo.
Periodista, escritor, ensayista, músico, profesor de escritura, director de la revista Cáñamo, Fidel Moreno (Huelva, 1976) es un creador único que sigue un camino sólo transitado por él. La prestigiosa Random House acaba de publicar su primera novela, Mejor que muerto, donde repasa los problemas de un zángano cuarentón de nuestro tiempo y afronta temas como la masculinidad, las drogas, la paternidad, el sexo, la especulación, la pereza, la neopicaresca, la falta de atención y el aburrimiento vital con una acidez y sinceridad tragicómica que hace soltar la carcajada al lector. Dice de la novela Marcos Giralt Torrente que “eleva lo cotidiano a la categoría de extraordinario sin maniqueísmos ni lugares comunes”. Lo vamos a comprobar el 7 de marzo a las 19 horas en El Tercer Piso de Librería Proteo presentando la novela de Moreno en una charla entre el autor y Héctor Márquez, responsable de El Tercer Piso de Proteo. Por su bien, les recomiendo que lo escuchen y se lo lleven luego para leer en casa. Con el patrocinio de Fundación Unicaja. Entrada libre.

Sinopsis Mejor que muerto:
Para Julio no resulta fácil tener cuarenta y un años y la vida resuelta. En paro y sin ganas de trabajar, su tranquilidad apenas se ve alterada por la insistencia de su esposa Casilda, exitosa mujer de negocios, en quedarse embarazada. El piso de Lavapiés en el que viven, regalo de su suegro, cuenta con un estudio en el que puede drogarse y perder el tiempo a su antojo. Vivir como un zángano está bien, pero no basta.
Nombrado presidente de la comunidad de propietarios, tendrá que llamar al orden a los okupas del edificio, entre los que está Sara, una atractiva joven. El confinamiento decretado por el coronavirus intensificará el trato de Julio con la vecindad, lo que hará su vida mucho más distraída.
Infidelidades, especulación inmobiliaria, fármacos contra la disfunción eréctil, desencanto político, microdosis de LSD, procreación más allá de los cuarenta, inmigrantes sin papeles, españoles sin convicción, matrimonios que duermen en habitaciones separadas, uso esporádico de heroína, crisis de la masculinidad y dinero en sobres… Mejor que muerto es una novela tragicómica que retrata la precaria existencia contemporánea en un mundo confuso en el que hombres y mujeres buscan su lugar, con más torpeza que suerte.

De Mejor que muerto han dicho:
“Una novela a contracorriente, en la que Fidel Moreno consigue algo al alcance de muy pocos: elevar lo cotidiano a la categoría de extraordinario. Sin maniqueísmos ni lugares comunes, con una mirada desprejuiciada capaz de traer a la luz el interior oculto de unos personajes tan de hoy como las calles por las que transitan”
Marcos Giralt Torrente
“Un excelente debut literario, una crónica de la vida actual y corriente llena de humor y sinceridad de la buena. Si Cervantes se levantara de la tumba esta sería su novela preferida”
Manuel Vilas
“El manifiesto definitivo sobre la felicidad de no hacer nada y esperar a que el mundo se arregle solo, aunque sea con una pandemia universal”
Esther García Llovet
“¡Me parto de risa! ¡Acaricio el éxtasis! ¡Me deprimo un poco! ¡Maldigo la sociedad! ¡Me asomo a un pozo! ¡Idealizo el desastre! ¡Espío a un hombre! ¡Bendigo el trabajo! ¡Bailo a mi aire! ¡Todo al compás de esta insólita novela!”
Bárbara Mingo

Fidel Moreno
Fidel Moreno (Huelva, 1976) es escritor, periodista y músico. Fue coordinador de la mítica revista de cultura contemporánea El Estado Mental y actualmente es director de la revista Cáñamo. Es autor de la novela Mejor que muerto (Random House, 2025) y del ensayo ¿Qué me estás cantando? Memoria de un siglo de canciones (Debate, 2018), y anteriormente publicó dos libros-disco y un disco como El Hombre Delgado. Da clases de escritura en la escuela SUR y ha impartido cursos sobre la historia cantada de España. Ha sido colaborador radiofónico en la SER y en la COPE, y ha escrito en diferentes medios, entre otros, en El País.
Facebook e Instagram: @fidelmoreno
Entrevista a Fidel Moreno: «Escribir sobre drogas sin haberlas probado es como escribir sobre alpinismo sin haber subido una montaña»
Hay algo en la literatura que a veces se nos escapa: su capacidad para capturar lo efímero, lo que no deja huella pero está presente en cada esquina de la experiencia humana. La precariedad emocional, la fatiga crónica de una generación que no encuentra acomodo en el mundo, la sensación de que todo va demasiado rápido y, al mismo tiempo, no avanza. Mejor que muerto, la primera novela de Fidel Moreno, se mueve en ese terreno resbaladizo donde el humor, la desesperanza y la crítica social se entrelazan sin avisar.
En Mejor que muerto, Fidel Moreno nos presenta a Julio, un hombre de 41 años que lo tiene todo para llevar una vida cómoda, pero que se siente atrapado en su propia existencia. Entre su matrimonio con Casilda, una exitosa empresaria que insiste en tener un hijo, y sus encuentros furtivos con Sara, una joven okupa que despierta su deseo, Julio navega entre el conformismo y la huida. Mientras tanto, la pandemia, la especulación inmobiliaria y las drogas se convierten en el telón de fondo de su búsqueda por encontrar un espacio de libertad en un mundo que no deja de encogerse.
Julio es, en el fondo, un Lazarillo de 41 años, pero en lugar de sobrevivir a base de engaños en la España del Siglo de Oro, lo hace en un Madrid pandémico donde la picaresca ha cambiado de escenario: ya no se roba pan, sino tiempo libre; ya no se burla a los amos, sino al sistema. Su ingenio no lo salva del hambre, pero sí de la responsabilidad, del tedio de una vida convencional.
Con Mejor que muerto (Random House, 2025), Fidel Moreno firma un debut literario que se adentra en los claroscuros de la vida contemporánea con una mezcla de humor, ironía y un agudo sentido de la observación.
Pregunta: ¿Cómo surge Mejor que muerto?
Respuesta: Bueno, siempre me ha interesado la realidad y cómo vivimos en un mundo sometido a una aceleración histórica. Cada vez ocurren más cosas en menos tiempo, y la literatura, al final, siempre ha tratado sobre las relaciones humanas. En mi caso, me interesaban especialmente las relaciones entre hombres y mujeres. Creo que uno de los grandes temas de nuestra época es precisamente esa relación. Hay un enfado histórico de las mujeres hacia los hombres, con razones de peso, y en los últimos 20 años hemos visto surgir muchas voces femeninas que han contado cómo ha cambiado el mundo en estas décadas. Pero sentía que faltaba una visión masculina de esta transformación. Quería explorar cómo los hombres viven esta nueva realidad, en la que conviven con mujeres empoderadas mientras ellos mismos atraviesan una crisis de identidad. ¿Cómo piensan? ¿Cómo actúan? ¿Cómo se adaptan?
P: Claro, y esto está muy relacionado con las nuevas masculinidades que se están explorando en la literatura y el cine. Se ha dejado atrás la figura del hombre empoderado, del macho alfa.
R: Exacto. Creo que ya no existen esos hombres «de antes». Lo que tenemos ahora son hombres comunes, que tratan de adaptarse a esta nueva realidad con mayor o menor acierto. Muchos asumen un papel más subordinado en diferentes ámbitos, ya sea en el trabajo o en la familia, porque ahora son muchas mujeres las que ostentan el poder en estos espacios. Sin embargo, a veces se olvida que el poder, en cualquier contexto, conlleva manipulación, abuso y corrupción. Y en la medida en que las mujeres se han empoderado, también han comenzado a ejercer ese poder de formas que pueden ser cuestionables. En esta novela, el protagonista es un hombre que busca preservar ciertos espacios de libertad fuera del control femenino, recurriendo al engaño para conseguirlo. No me interesan los personajes ejemplares, sino los ambivalentes, los que, como cualquier persona real, tienen luces y sombras.
P: Los grises. Oye, ¿podríamos decir que Julio es una especie de nuevo representante de la picaresca?
R: Bueno, hay algo de eso, claro. La novela picaresca siempre ha tratado sobre personajes que, con su ingenio, intentan salir adelante y sacar partido de la situación en la que viven. Y Julio, en cierta manera, encaja en esa tradición.
P: En la historia de Julio vemos un tema muy interesante: el tiempo libre. Se ha convertido en el bien más codiciado hoy en día. Quien tiene tiempo libre, tiene la vida resuelta porque no está atado al trabajo ni a obligaciones. Pero en su caso, aunque tiene todo el tiempo del mundo, también enfrenta la sensación de no estar haciendo nada.
R: Exactamente. Nos hemos acostumbrado a autoexplotarnos tanto que ahora nos cuesta gestionar el tiempo libre. Siempre está amenazado por las redes sociales, por el ruido constante… Desconectar se ha vuelto casi imposible. Para Julio, gran parte de su lucha es precisamente lograr esa desconexión, encontrar un espacio de libertad. Por eso, la heroína juega un papel clave en la historia. Es su forma de intentar detener el tiempo, de escapar de la sensación de estar viviendo sin rumbo. No se trata de sentirse más vivo, sino de alcanzar un estado en el que, paradójicamente, se está mejor que muerto.
P: Claro. Y esta crisis que atraviesa Julio, ¿es una crisis de la masculinidad o es algo más generacional?
R: Creo que son ambas cosas. Hay una crisis general, que es la crisis de la pandemia. También hay una crisis generacional: los hijos de la democracia hemos intentado una segunda transición con una regeneración política que ha fracasado. No hemos logrado cambiar las cosas a nivel político, y a nivel personal nos hemos encontrado con una enorme precariedad laboral y emocional. Las relaciones también se han vuelto frágiles, con un enfoque consumista donde las historias son sucesivas o incluso paralelas. Todo esto nos ha convertido en una generación llena de crisis: de salud mental, laboral, sentimental… Y Julio es un personaje singular, pero en su rareza refleja muy bien la insatisfacción constante de nuestra época. Nuestras vidas están llenas de estímulos, pero nada parece saciarnos.
P: Al describirlo, parece un personaje evitativo. Usa la heroína o el sexo para tapar sus problemas y mantenerse en su zona de confort. ¿Cómo ha sido escribirlo?
R: Bueno, antes que nada, creo que más que evitativo, Julio es un explorador. Su moralidad es ambigua, sí, pero tiene esa necesidad constante de descubrir cosas nuevas. Nunca encuentra satisfacción, pero su búsqueda lo lleva a experiencias que, de alguna forma, enriquecen su vida, aunque también dejen un poso de amargura o tristeza. Escribir la novela ha sido un proceso complicado pero muy gratificante. Está narrada en tercera persona, pero desde la perspectiva de Julio, lo que me permitió meterme en su mente y en su manera de ver el mundo. Tardé dos años y medio en escribirla porque quería entrelazar la historia personal del protagonista con la historia de España, un país que parece estar en crisis permanente. Contar ambas cosas sin perder el foco fue todo un reto.
P: También empezaste a escribir la novela en pandemia, ¿verdad?
R: Sí, empecé en el verano de 2020 y terminé en 2022.
P: Y oye, también hablemos de las drogas, que son un gran protagonista en tu novela. Hay muchas en Mejor que muerto, pero hay una que está presente desde el principio. Por cierto, me encanta la portada porque poco a poco vas descubriendo qué representa cada cosa, y eso no suele pasar. ¿Tú qué opinas del clasismo en torno al consumo?
R: Bueno, yo creo que, si este libro tiene alguna novedad, es que trata las drogas desde la normalización de su consumo. Siempre que se habla de ellas, suele ser desde un punto de vista alarmista o con ese aire de malditismo chic.
P: Sí, o están romantizadas o tratadas como una vía desesperada.
R: Exacto, y eso no refleja la realidad de la mayoría de consumidores. La gran mayoría consume drogas porque les generan placer y bienestar, cada una a su manera. En el caso del Cialis, me interesaba porque es un fármaco contra la disfunción eréctil y Julio, el protagonista, está en plena crisis de los 40. Hoy en día, esa crisis es casi el final de la adolescencia. Por la precariedad laboral y sentimental, porque tenemos hijos más tarde… prácticamente seguimos siendo adolescentes hasta los 40. Y es justo en esa edad cuando nos damos cuenta de que nos queda una década para cumplir con ciertos estándares: tener hijos, un trabajo estable, una vida adulta «seria». Julio está justo en ese punto: acaba de dejar de ser un adolescente, pero está a un paso de convertirse en un viejo verde. El Cialis le permite recuperar el vigor de los 20 años, es una especie de viaje en el tiempo, una distracción de su realidad: la de un hombre de 40 años que está intentando tener hijos con su mujer. Por otro lado, la heroína representa lo contrario. Mientras el Cialis lo empuja a la acción, la heroína lo aísla, lo sumerge en una burbuja. Incluso físicamente, son opuestas: la heroína inhibe la erección.
P: Claro.
R: Y, además, la heroína es la droga más demonizada en nuestra sociedad. Está secuestrada por el relato yonqui, pero no todos los que la consumen lo hacen desde la dependencia absoluta. Yo también soy director de Cáñamo, una revista que defiende el uso responsable de todas las drogas, y para mí es importante que, cuando se hable de ellas, se haga desde una perspectiva realista. En España, muchos escritores escriben sobre drogas sin haberlas probado nunca. Yo no escribiría sobre alpinismo sin haber subido una montaña, pero con las drogas se da por hecho que cualquiera puede hablar de ellas sin conocerlas de verdad. Al final, nuestra sociedad las sigue viendo, especialmente a la heroína, como el símbolo de la perdición. Pero si queremos retratar la realidad, tenemos que desmitificarlas y entenderlas como lo que son: herramientas. Herramientas para el placer, para evitar el dolor, para buscar estímulos… cumplen muchas funciones, y hay que hablar de ellas con esa claridad.
P: Claro, además, hay muy poca educación respecto a este tema. Yo sí que he leído algo sobre el consumo seguro de algunas drogas, pero en general no hay mucha información sobre cómo gestionarlo. ¿Crees que es necesaria una reevaluación en la educación sobre drogas?
R: Totalmente. Hace falta una educación que entienda el uso de las drogas como algo valioso, casi como una de las bellas artes. Al menos deberíamos reconocer su función en la vida humana desde el origen de los tiempos. El ser humano siempre ha buscado sustancias que le hagan la vida más llevadera, menos dolorosa, más placentera, que interrumpan el aburrimiento o que faciliten las relaciones sociales. Somos seres imperfectos y necesitamos herramientas para ayudarnos a lidiar con la vida. Al igual que usamos un martillo para clavar un clavo y no para hacernos la manicura, las drogas también deben usarse con conciencia. Algunas sirven para ciertas cosas y no para otras.
P: ¿Y cuándo empezaste a interesarte por esta conciencia sobre las drogas?
R: Siempre me ha gustado consumir drogas. En mi época, no había tanta información como ahora, pero siempre fue algo que me interesó. La ebriedad forma parte de la experiencia humana, igual que comer o dormir. De alguna manera, necesitamos colocarnos para organizar nuestra memoria, para interrumpir los patrones obsesivos de conducta. Para mí, una sociedad sana es aquella que ha normalizado su relación con las drogas. Y ahora, vivimos en una sociedad enferma porque no hemos logrado hacerlo.
P: ¿Qué crees que está impidiendo que España avance en una legislación más racional respecto al consumo de drogas?
R: Somos un país cobarde. A nivel social, el consumo de cannabis está totalmente normalizado, pero no hemos sido capaces de legalizarlo como ha hecho Alemania. Esto es un atraso enorme. Además, hay una vulneración de los derechos humanos de los tres millones de consumidores de cannabis en España. Se les persigue, se les multa, y no tienen acceso a cannabis en condiciones sanitarias, lo cual es un disparate.
P: También este descubrimiento de vuelta al tiempo pasa con Sara. Es interesante, porque hay muchas infidelidades en los matrimonios y nunca se llega a saber cómo pasan, como en esta novela. ¿Crees que, a medida que pasa el tiempo, las infidelidades serán más comunes?
R: Vivimos en un tiempo confuso, en el que hemos cuestionado los modelos antiguos, como la monogamia, pero las nuevas alternativas tampoco están funcionando. Estamos buscando recetas para el amor, pero en realidad, lo importante es aprender a querernos sin quitarle la libertad al otro. Las infidelidades siempre han existido. Gabriel García Márquez decía que hay tres vidas: la pública, la privada y la secreta. La vida pública es la que mostramos al mundo, la privada la que compartimos con nuestra pareja, y la secreta, que es solo nuestra. Las relaciones amorosas son complicadas, porque se mezclan cuestiones biológicas, culturales y otras influencias que complican todo.
P: También en la novela planteas todo el problema de la vivienda, y bueno, la vivienda aparece como un bien de inversión en vez de un derecho, ¿no?
R: Claro. Estamos en un país donde el ladrillo, al final, es el que mueve la economía. Eso genera que el negocio del país se haga a costa del sufrimiento de gran parte de la población para conseguir un techo.
P: ¿Qué es lo más importante? Ya que hemos hablado de todos los aspectos de la novela, ¿qué te has quedado tú tras escribirla?
R: Estoy contento de haber hecho una novela distraída, una novela divertida que se lee fácil. Para mí, como escritor, es muy importante ser consciente de las transformaciones que han ocurrido tanto en el ámbito de la lectura como de la escritura con la irrupción de Internet. Yo sé que, como escritor, me enfrento a lectores muy distraídos, así que debo hacer una novela trepidante que de alguna manera genere una lectura casi compulsiva. Me quedo contento de haber logrado una novela que se lea bien y, además, de haber retratado la realidad que vivimos, que es bastante compleja, y que mucha gente pueda reconocer. Estoy contento con haber retratado la realidad en su complejidad y, a la vez, haber hecho un libro divertido de esta tragicomedia que vivimos.
P: Y también a ti. ¿Además de estar vivo, qué es estar mejor que muerto?
R: Estar mejor que muerto es sustraerse un poco a la vorágine de la vida, ser capaz de parar el tren en marcha, descender y tener un momento de contemplación e introspección.
(El Generacional. Carmen Gómez Moreno)
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