14/03/2025 - - Librería Proteo

SESIÓN CANCELADA: Presentación Con el agua al cuello. Muertes y devoluciones en caliente en la peor frontera de Europa (Capitán Swing) del reportero Hibai Arbide. En charla entre el autor, Nico Sguiglia y Lucía Muñoz Lucena. Modera: Héctor Márquez.

14/03/2025 - - Librería Proteo - Pta. de Buenaventura, 3 - Málaga
Entrada libre hasta completar el aforo.

Las devoluciones en caliente -o pushback– son una de las vergüenzas humanitarias más escandalosas de la política migratoria griega y europea actual. En menos de diez años, Lesbos ha pasado de ser ejemplo de solidaridad a modelo de deshumanización. El reportero Hiba Arbide, corresponsal para El País en Grecia, acaba de publicar en Capitán Swing un libro-reportaje estremecedor sobre la (mal) llamada “crisis de los refugiados”: Con el agua al cuello. El libro recoge una década de investigaciones sobre el terreno de esta vergüenza humanitaria que afecta a más de 100.000 emigrantes que son agredidos, saqueados y abandonados a la deriva tras alcanzar tierra firme. Vamos a conocer todo este proceso de la primerísima mano de Arbide el próximo viernes 14 de marzo a las 19:00 en El Tercer Piso de Librería Proteo. El autor conversará con el concejal de Con Málaga en el Ayuntamiento, Nico Sguiglia, con la periodista Lucía Muñoz Lucena y con el director de El Tercer Piso Héctor Márquez. Con el patrocinio de Fundación Unicaja. Entrada libre.

Con el agua al cuello, de Hibai Arbide

Las devoluciones en caliente, también llamadas pushbacks, se han convertido en un elemento central en la política migratoria griega y, por lo tanto, europea. Más de 100.000 personas han sido abandonadas a la deriva en mar abierto tras ser interceptadas en el mar cuando intentaban llegar a las islas griegas o después de haber alcanzado tierra firme. Esta práctica no solo vulnera el derecho a solicitar asilo, sino que amenaza gravemente derechos fundamentales como el derecho a la vida, a la integridad física y a la libertad. En el mar, los refugiados son detenidos en aguas griegas por embarcaciones tripuladas por “los hombres encapuchados”, un cuerpo paramilitar que actúa coordinado con los guardacostas. Estos destruyen el motor de las barcas antes de remolcarlas a aguas turcas y abandonarlas a su suerte. En ocasiones los refugiados son forzados a embarcar en embarcaciones de la Guardia Costera griega, donde les propinan palizas y les roban sus pertenencias antes de ser coaccionados a subir a balsas salvavidas inflables para dejarlos a la deriva. Aun cuando consiguen llegar a las islas griegas, las personas que buscan refugio son detenidas por hombres encapuchados, sometidas a vejaciones y agresiones físicas, robadas, llevadas en contra de su voluntad a embarcaciones y obligadas a subir a balsas salvavidas que quedan a merced del viento y las corrientes.

CON EL AGUA AL CUELLO, Muertes y devoluciones en caliente en la peor frontera de Europa explica cómo, en solo 10 años, Lesbos y otras islas griegas han pasado de ser un ejemplo de solidaridad conocido en el mundo entero, a un lugar donde se cometen atrocidades cada día mientras Europa mira para otro lado. Hibai Arbide Aza ha cubierto la llamada crisis de los refugiados desde 2015. En esta larga década, ha asistido como testigo a la evolución de las políticas migratorias cada vez más violentas y salvajes. Una obra necesaria en la medida en que el régimen de fronteras europeo no solo condiciona la vida de millones de personas en tránsito, sino que determina el tipo de sociedad en el que vivimos todas.

LAS DEVOLUCIONES EN CALIENTE. LA CRISIS HUMANITARIA QUE NADIE QUIERE RECONOCER.

Son las ocho de una apacible tarde primaveral. Apenas hay viento, solo una suave brisa que mantiene la mar en calma. El sol desciende lentamente para esconderse en las aguas mientras el cielo se tiñe de tonos rosados. Decenas de pequeñas barcas con uno o dos pescadores comienzan a encender sus luces de manera escalonada, como si fuera una coreografía. Un grupo de hombres apura sus cafés y, a continuación, se pone manos a la obra. Uno suelta amarras, otro quita una bandera griega de la proa, dos comprueban una pila de cajas que contienen balsas salvavidas; el capitán ya está en el puente de mando. Se mueven con la destreza de quien ha hecho eso muchas veces; son profesionales. Nada en sus rostros o en sus movimientos indica nerviosismo ni excitación de ninguna clase. Apenas hablan entre sí, pero ninguno de sus gestos requiere ni demuestra especial concentración. No hay, por supuesto, atisbo de risa nerviosa o nada que denote ansiedad, todo es calmado y rutinario. Pero esos hombres tan tranquilos se disponen a pasar la noche cometiendo atrocidades. Están a punto de propinar palizas a hombres y mujeres desarmados sin mediar provocación alguna. Van a desnudar, tocar y vejar a mujeres. Van a lanzar por los aires a niños desde un barco a lanchas hinchables. Van a empujar al agua a personas con las manos atadas. Van a robar teléfonos y cualquier objeto de valor. Van a arrancar dientes de oro. Van a tirar al mar los documentos de gente a la que le ha costado meses o años conseguir un pasaporte. Tal vez hoy, de nuevo, van a matar. Algunos de ellos visten ropa militar negra sin ningún tipo de identificación; una vez que salen a la mar, antes de realizar las salvajadas de cada noche, se ponen una capucha para ocultar su rostro. Otros llevan uniformes de la Guardia Costera griega y actúan a cara descubierta.

Esta escena se repite todos los días, ya sea verano, otoño, invierno o primavera, en Lesbos, Samos, Quíos y el resto de islas cercanas a Turquía. Estas islas forman parte de una de las principales rutas migratorias hacia Europa desde Oriente Medio y el este de África, que en la última década ha experimentado una gran afluencia. En Lesbos, donde vivo, los preparativos de los guardacostas se realizan en el puerto, es decir, en el centro de la ciudad, a la vista de todo el mundo. A nadie parece llamarle la atención que haya un grupo de hombres preparándose para torturar, robar y, eventualmente, violar o matar. ¿Acaso la población local no sabe lo que ocurre por las noches en su costa? Los agentes actúan desde embarcaciones de la Guardia Costera griega financiadas por Frontex. ¿Sabe la agencia europea de fronteras para qué se utilizan sus barcos?

El turno dura doce horas. A las ocho de la mañana, las patrulleras de la Guardia Costera regresan a puerto. Los agentes vuelven de su misión con el mismo sosiego con el que embarcaron. Por su aspecto parecería que vuelven de la oficina. Otros agentes les esperan con un café en la mano dispuestos a relevarles. El turno de noche, en el que se emplean dos centenares de agentes, es el que realiza la mayoría de interceptaciones de barcas en las que viajan migrantes, personas que aspiran a ser refugiadas. Interceptaciones es un eufemismo para referirse a las devoluciones en caliente o pushbacks, como aquí se las conoce.

La generalización de las expulsiones colectivas no significa que no haya ya refugiados que logran alcanzar la costa. Esta práctica ha convertido un viaje que ya era peligroso en una especie de ruleta rusa en la que a los peligros del mar se les suman la arbitrariedad y la violencia estatal. Cuando una barca zarpa desde Turquía, pueden pasar dos cosas: que consiga llegar o que sea interceptada en las aguas. Y en cualquiera de los dos casos, tanto si los pasajeros han pisado tierra firme como si son detenidos en altamar por los guardacostas, pueden darse dos escenarios: que los guardacostas cumplan la ley y, por lo tanto, trasladen a los migrantes desde la lancha hasta el campo de refugiados, donde serán registrados como solicitantes de asilo, o que los devuelvan a Turquía de manera ilegal. Es decir, que no registren su entrada y les fuercen a regresar a base de coacciones y palizas. En este último caso, lo habitual es que les roben el dinero que llevan en metálico, los móviles, los documentos y todo lo que tengan de valor, y que les amenacen con que si vuelven a intentarlo será aún peor. Para ello realizan cacheos vejatorios y acceden a los cuerpos de las mujeres, los hombres y hasta de los bebés de manera degradante. Los malos tratos no responden a un sadismo irracional, tienen el objetivo de aterrorizar a las personas en tránsito para desalentar futuras tentativas de llegar a Europa.

En ocasiones, la devolución en caliente consiste en remolcar la barca en la que viajan los migrantes y, tras romper el motor o arrojarlo al mar, dejarla a la deriva. Es difícil imaginar la angustia que debe provocar ver a tus hijas en una lancha a la deriva, de noche, sin saber si alguien vendrá a rescatarlas. En otras ocasiones obligan a las personas migrantes a subir a embarcaciones de la Guardia Costera para conducirlas hasta algún punto alejado de la costa, donde son obligadas a subir a balsas salvavidas que no tienen motor. Son abandonadas a la deriva hasta que, en el mejor de los casos, en la mayoría de los casos, las corrientes las empujan hacia la costa turca y, tras varias horas de angustia, son rescatadas por los guardacostas de ese país. Los incidentes con resultado de muerte antes de que llegue el rescate son incontables. Hay diferentes modalidades de devoluciones en caliente, pero la característica común de todas ellas es que se realizan con extrema violencia. Con un grado de violencia tan fuerte que resulta difícil de concebir o incluso de creer.

Mientras los guardacostas griegos se retiran a descansar, sus homólogos turcos, situados a pocos kilómetros, todavía tienen por delante unas cuantas horas de trabajo. Durante la mañana rescatan a decenas o centenares de personas flotando a la deriva en barcas sin motor o balsas salvavidas hinchables: son las interceptadas por los agentes helenos y devueltas a la fuerza a aguas turcas que acabamos de mencionar. El Ministerio del Interior turco publica cada día un informe en el que detalla la cantidad, la nacionalidad y el tipo de embarcación en el que han sido rescatadas. En 2022, 27.984 personas fueron rescatadas a la deriva en aguas turcas tras sufrir una deportación colectiva por parte de Grecia. En 2023 fueron 33.607 personas. En 2024, la cifra fue menor: 11.640 personas hasta octubre. De ellas, más de 5.000 eran niños.

El Gobierno griego, presidido por quien una vez fue un niño refugiado, niega la existencia de las devoluciones en caliente con un argumento tautológico. «Son ilegales y, por lo tanto, no existen», asegura Mitsotakis cada vez que le preguntan al respecto. El primer ministro no se esfuerza por disimular su enfado: ha llegado a gritar a los periodistas por osar interrogarle sobre este tema en las ruedas de prensa. Pero las pruebas son cuantiosas. La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, el Consejo de Europa, el Comité para la Prevención de la Tortura, organizaciones locales, investigaciones periodísticas y, sobre todo, el testimonio de cientos de refugiados, deportados sin haberles dado opción de solicitar asilo confirman, no solo su existencia, sino su carácter sistemático. Nadie familiarizado con las migraciones o las políticas de fronteras europeas duda de la existencia de los pushback. Pero, honestamente, creo que poca gente se hace a la idea de la dimensión y la crueldad de este fenómeno.

Yo llevo cubriendo la (mal) llamada crisis de los refugiados desde 2015. Calculo que desde entonces habré entrevistado a más de mil migrantes, refugiados y solicitantes de asilo. He hecho reportajes sobre fronteras y migraciones en las islas griegas y en las fronteras de Grecia, Turquía, Macedonia del Norte, Serbia, Hungría, Rumanía, Alemania, Polonia, Ucrania, además de en Oriente Medio, África del Oeste y el Sahel. Antes de trabajar como periodista fui abogado. Defendí numerosos casos relacionados con la detención de migrantes, los CIE y la libertad de movimiento. Y antes que eso milité en varios colectivos por la libertad de movimiento. Esto me convierte, en teoría, en un experto. Pues bien, a pesar de ello, reconozco que no era consciente ni del grado de violencia ni de la dimensión de la política de pushbacks. Yo creía que esto pasaba solo a veces, no cada día, y que los relatos de violencia extrema suponían la excepción, no la norma.

Este libro nace de la estupefacción. ¿Cómo es posible que todo esto ocurra ante nuestras narices? ¿Hasta cuándo vamos a fingir que no vemos lo que está pasando a nuestro alrededor? ¿Cómo es posible que hayamos normalizado el horror absoluto? ¿Quiénes son esos paramilitares encapuchados que actúan al lado de mi casa?

(Con el agua al cuello. Fragmento de la introducción. Hibai Arbide. Capitán Swing. 2025)

Lucía Muñoz Lucena (Aguilar de la Frontera, Córdoba) es periodista y cofundadora de la productora EntreFronteras, donde desarrolla diversos proyectos, incluyendo la dirección de fotografía y el desarrollo de investigación periodística del documental “Paralelo 35º 50” (2021), que le valió el premio de periodismo Desalambre de ElDiario.es a mejor trabajo multimedia. Este largometraje también obtuvo el premio a mejor documental en el festival Enserio de Colombia, recibió mención especial en el festival de derechos humanos de Valencia y logró seis candidaturas a los Premios Goya 2023. Lucía es subdirectora del documental “Operación Brooklyn” (2022), codirectora del documental Tívoli (2024), subdirectora del documental y jefa de investigación de Jornaleros (2025). Licenciada en Periodismo por la Universidad de Málaga ha complementado su formación académica con un curso de Técnica Superior de Imagen y un Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad Internacional de Andalucía.

X: @luciamunozluc

Nico Sguiglia (1976 -Rosario, Argentina). Licenciado en Sociología y Ciencias Políticas y Máster en Derechos Humanos y Desarrollo. Reside en Málaga desde hace más de dos décadas y ha participado de forma activa en numerosos movimientos sociales (Indymedia, NoBorder Network, Red Estatal por los Derechos de los Inmigrantes, Democracia Real Ya!, PAH, La Casa Invisible, iniciativa de la que ha sido uno de sus principales agentes de acción, La Nave, Freedom Flotilla Coalition, etc.) desde los que ha impulsado numerosas iniciativas de carácter social, cultural, político y comunitario.

Es concejal de Podemos en el Ayuntamiento de Málaga desde 2019, habiendo sido candidato por este partido a la alcaldía de Málaga y actualmente ejerce como portavoz del Grupo Municipal Con Málaga (Podemos-IU). Forma parte de la candidatura Transformar Andalucía encabezada por Raquel Martínez para el consejo ciudadano de Podemos Andalucía, junto a Martina Velarde y Diego Cañamero, entre otros.

X: @NicoSguiglia

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