La neuropsicóloga malagueña Paloma Rivas presenta su novela Los versos sueltos del Edén (Plaza&Janés), thriller psicológico sobre la salud mental. Charla con Héctor Márquez
25/02/2025 - 19:00 - Librería Proteo - Pta. de Buenaventura, 3 - Málaga
Entrada libre hasta completar el aforo.
Estamos seguros de que Paloma Rivas dará que hablar en el mundo de la novela. Esta joven y brillante neuropsicóloga malagueña de amplísima formación en el ámbito de la psicología clínica, especializada en trauma, trastorno límite de la personalidad y trastornos alimentarios, nació en Nerja en 1991. Tras dos recientes y celebradas incursiones en el mundo del cuento infantil, acaba de debutar en el mundo de la novela para adultos con Los versos sueltos del Edén (Plaza&Janés), un escalofriante thriller psicológico que llevará a los lectores a explorar los rincones más oscuros de la mente y que guarda ecos con la célebre Los renglones torcidos de dios. El próximo martes 25 de febrero (19 h) presentamos en El Tercer Piso de Librería Proteo esta obra donde el misterio, el thriller y la salud mental son las principales bazas de su trama. Será en diálogo entre la autora y el director de El Tercer Piso, el periodista y activista cultural Héctor Márquez. Con el patrocinio de Fundación Unicaja. Entrada libre.

LOS VERSOS SUELTOS DEL EDÉN
La joven psicóloga Lis de la Serna regresa a su Cantabria natal para ocupar el puesto de jefa del área de salud mental en la residencia Santa Teresa. Regentada por la congregación de las Carmentalias y ubicada entre los acantilados de Comillas, Lis ya estuvo allí cuando el suicidio de su pareja la llevó a internarse en el centro. Pero, ahora que piensa que sus problemas han quedado atrás y que puede empezar de cero, no sospecha que el engaño, la traición y el asesinato acechan entre las paredes de la institución. Cuando descubre las extrañas circunstancias que rodean a una muerte que tuvo lugar allí, Lis se adentra en un mundo peligroso donde imperan el secreto, la dominación y el crimen. ¿Podrá enfrentarse a la verdad que esconde la residencia Santa Teresa y salir indemne?

Paloma Rivas
Paloma Rivas nació en Nerja (Málaga), el 30 de marzo de 1991. Estudió Psicología en la Universidad de Granada, con mención especial en el ámbito clínico y sanitario. Comenzó a ejercer su profesión como psicóloga antes de terminar la carrera gracias la concesión de la beca Ícaro de la Junta de Andalucía por sus excelentes calificaciones trabajando un tiempo como becaria en un centro de personas con discapacidad intelectual y trastornos mentales. Ha estudiado un máster en neuropsicología y neurociencias en Madrid (AtenD, Universidad Complutense, Hospital de daño cerebral Clínica San Vicente; donde posteriormente ejerció). Ha estudiado un máster en psicología general sanitaria en Valencia, posgrado universitario en trastornos alimentarios en la universidad de La Rioja, entre otros. Es experta en trauma y en trastorno límite de la personalidad. También ejerce como ponente y docente en Universidad de Loyola en Sevilla, Colegios Oficiales de Psicología, y colabora con la Asociación Española del Trauma Psicológico.
Por lo que respecta a la escritura, se formó por la Universidad Internacional de Valencia y Grupo Planeta en Escritura Creativa. También ha recibido formaciones de autores como Espido Freire o Antonio Mercero. Publicó su primer cuento infantil en 2021: Artemisa está en guerra; la batalla contra los trastornos alimentarios; que recibió el premio de la editorial Círculo Rojo a mejor cuento publicado entre 2019 a 2021. Publicó mi segundo cuento gracias a la Casa Natal de Picasso en 2022: A nosotros nos pintó Picasso; que recibió el premio de la editorial BabidiBú a mejor cuento creativo en 2023. Su primera novela, Los versos sueltos del Edén, fue publicada por Plaza&Janés en octubre de 2024. En diciembre de 2024 recibió el honor de contar con una cajita literaria internacional Bookish. Se han vendido 600 cajitas en países como España, México o Argentina. Su segunda novela saldrá a principios de 2026.
palomarivas.es
@paloma.rivas_
Paloma Rivas Gallardo
LOS VERSOS SUELTOS DEL EDÉN (FRAGMENTO)
Lunes, 2 de noviembre de 2009
Mimetizarse con aquellos que viven en un infierno no es tan complejo si tú misma lo has habitado.
La galerna de estas últimas jornadas ha arremetido con tanta violencia que parece haber quedado atrapada en esta costa que llaman Quebrada. El traqueteo del cielo cántabro provoca el estupor del vecindario; a algunos no nos afecta: ya llevamos dentro nuestras propias borrascas.
La espesa neblina de noviembre complica el último tramo de la ruta secundaria que me lleva hacia Santa Teresa.
Hoy doy comienzo a un novedoso itinerario laboral, que, sin embargo, no me supone un sendero desconocido. A simple vista, las rejas del hospedaje son doradas y están bien sustentadas, pero en sus entrañas se vislumbra el desconsuelo. El destino es caprichoso: distinto pájaro, misma jaula. Diría que el ambiente está aún más enrarecido de lo que recuerdo. Puedo sentir la densidad que gravita en el edificio y en sus alrededores, fruto del sufrimiento de aquellos que se han hospedado aquí a lo largo de la historia.
Respiro hondo, sonoro. Algo me ronda por dentro. Es la zozobra, que llama a esa puerta que intento no abrir cada día. Los monstruos que me acechan, salvajes, aguardan un resquicio de vulnerabilidad por el que colarse. Yo lucho siempre, a todas horas; lucho siempre, pero estoy cansada. ¿Quién puede mantener una batalla constante contra su propia naturaleza?
En cuanto pongo un pie fuera del coche, uno de los jardineros analiza cada detalle de mi aspecto. Más tarde, en la cocina, se burlará de la «nueva muñeca de trapo que han contratado las monjas».
Encaro el edificio, me detengo ante la colosal portalada que preside y custodia el interior de la residencia.
Arrète! C’est ici l’empire de la mort.
He sentido que una fuerza invisible tiraba de mí como si me impidiese acceder a las escalinatas. Es la ansiedad, compañera inseparable: intenta evitar que me enfrente a mis recuerdos. Una brizna de debilidad.
Reconozco el olor a incienso, a vino, a rancio. Santa Teresa resulta desapacible para cada célula de mi cuerpo.
El conserje, Sebastián, se alza en el pórtico de entrada, rígido, como quien espera una mala noticia: en estado de alerta. Hace años que yo lo hacía jubilado, pero aquí sigue.
—Buenos días —le digo—, soy Lis de la Serna. Estoy citada con la madre superiora.
—Sé quién es —responde—. Venga conmigo.
La residencia Santa Teresa es de una inmensidad apabullante, una pinceladita del poder descomunal que ostenta la Iglesia, ubicada en las cercanías de los acantilados y resguardada por un bosque de pinos.
Hoy es el Día de los Fieles Difuntos. Y aunque pudiese parecerlo, no es un día cualquiera en mi soporífera rutina. Hará unas tres horas recibí el albor de la mañana con las ideas revueltas y las manos sudadas, en sintonía con mis heridas. Al lavarme el rostro, quedé absorta al apreciar cada una de las imperfecciones que se reflejaban en el espejo. Blanqueador tras blanqueador dental, mis dientes continúan amarillentos y sin intención de mejorar. Es la secuela obligada tras años de anorexia purgativa a las espaldas o a los huesos. Mi frágil aspecto me asemeja más al de un ser de ultratumba que a uno rebosante de vida.
RESIDENCIA FEMENINA SANTA TERESA. HOGAR IDÓNEO PARA JÓVENES ESTUDIANTES CON PROBLEMAS DE CONDUCTA, leo al pasar junto a la cartelería de propaganda que adorna el vestíbulo. «¿Problemas de conducta?», me pregunto y sonrío con sarcasmo. Este venerable hospedaje no es más que un psiquiátrico camuflado, una morada para la castración de lobas.
Sigo al conserje por el prolongado y oscurecido pasillo en dirección al despacho de la madre superiora. Como es su costumbre, el dragón no sale de su guarida para recibir a un invitado, por lo que debo suponerme su presa.
La mujer tras la puerta también sabe quién soy; y yo, quién es ella: el factótum de la Iglesia. Ambas nos curtimos entre muros y adoctrinamiento.
Sebastián asoma la cabeza al interior del despacho, intercambia unas palabras con la mujer que está dentro.
—Hágala pasar —dice arisca la madre superiora, sor Brígida Berlanga.
Accedo al despacho con prudencia.
—Parece que fue ayer, De la Serna —añade la aciaga monja.
Hace doce años que no pongo un pie en estos lares. Me rasco los padrastros de los dedos.
El averno se ha representado a lo largo de los siglos de multitud de formas, pero de ninguna tan atroz como el avanzar indiscriminado del tiempo que abrasa a la existencia. Sala 67 del Museo Nacional del Prado.
Saturno, arrastrado por aquella sombría idea de que sus hijos lo derrocarían, arrebató del vientre de su esposa Rea a cada uno de sus bebés para devorarlos, uno por uno. Pero justo antes de engullir al sexto en discordia, su cabal compañera, encauzada por el amor y la valentía maternales, le ofreció un pedrusco oculto entre harapos y pañales. Gracias a aquel trampantojo, Rea engañó a su terco marido, a su terco dios. Y así, la mujer conseguiría poner a salvo al único vástago al que le restaban suspiros.
Francisco de Goya expuso la más cruenta versión del ser: al padre despiadado que estruja las asaduras de su prole para beber de su sangre y de sus juventudes. Una desgarradora belleza, siniestra, con el poder de destruirte, al igual que los días inmolan a las horas.
Sor Brígida repasa los documentos que tiene ante sí.
—He leído su currículum; es brillante. —Sin mirarme, continúa—: Matrículas de honor, cartas de recomendación, becas por excelencia académica…; incluso comenzó a ejercer antes de finalizar su formación gracias a sus estupendas calificaciones y a su determinación en el campo clínico. Ha trabajado en diferentes puntos de España, pero este… —Se detiene, está a punto de finalizar el largo preámbulo que la conducía hasta estas palabras—: Este parece ser el lugar ideal para usted, ¿verdad? Parece que su destino era terminar aquí.
Lo de «terminar aquí» me produce escalofríos. No estoy segura de con qué intención lo ha dicho y decido no replicar a eso.
La monja se encoge de hombros.
—Quiero decir que… parece comprensible.
—El qué, madre.
—Que persiga usted procurar la sanación de jovencitas ingresadas en la misma residencia donde lo estuvo usted.
(Los versos sueltos del Edén. Paloma Rivas)
La malagueña Paloma Rivas debuta con un ‘thriller’ psicológico: «No es bueno que la salud mental esté de moda»
La pandemia cambió su vida. Como a casi todos. Aunque en su caso le afectó doblemente, ya que a lo personal se unió lo profesional. Como psicóloga y neuropsicóloga especializada en traumas y trastornos se multiplicaron los casos que atender en un momento en el que la salud mental saltó al primer plano. La válvula de escape de Paloma Rivas (Nerja, 1991) fue la literatura. Primero un par de cuentos que salieron premiados y que fueron el impulso para su primera novela: ‘Los versos sueltos del Edén’, que acaba de llegar a las librerías bajo el sello de Plaza y Janés. Precisamente, las dolencias mentales son también las protagonistas de este ‘thriller’ psicológico de la debutante, que construye una entretenida y absorbente trama desde su propia experiencia clínica.
El verso suelto del título alude a Lis de la Serna, una joven que vuelve a una residencia religiosa para chicas con problemas de comportamiento de la que ella misma fue interna para dirigir su servicio de psicología después de que su predecesora se suicidara inexplicablemente. «La protagonista tiene bastante de mí y muchas de las jóvenes que atiende tienen relación con mi experiencia, pero quiero pensar que soy mucho menos oscura que ella y menos depresiva… tengo más vida social», confiesa a la vez que sonríe Paloma Rivas, que además de profesión comparte con su alterego el gusto por el arte, la naturaleza y los perros.
«Muchos compañeros se van a sentir reflejados en el personaje y los lectores en general también van a conocer una profesión, además de asistir a un misterio», argumenta la autora que, frente a los habituales policías y periodistas que reinan en el género, recurre aquí a una psicóloga con olfato para la investigación. Una trama que la propia Paloma Rivas presentó hace unos días en la Librería Luces con el empuje de Plaza y Janés (Penguin Random House), que ha convertido a la autora malagueña en una de sus apuestas del año. Y, por el momento, está cumpliendo expectativas. En apenas dos semanas se ha colocado ya como número uno en la lista de ‘thrillers’ médicos de Amazon. «La editorial está encantada y ha salido con una primera edición que casi triplica lo habitual», señala Rivas, a la que contemplan como la sucesora del clásico ‘Los renglones torcidos de Dios’.
De hecho, el propio título ‘Los versos sueltos del Edén’ casi repite el juego literario-religioso de la denominación de la novela de Torcuato Luca de Tena, que también juega argumentalmente con una infiltrada en un centro de salud mental. «No voy a negar que es un autor que está entre mis referencias y lecturas, y que los escenarios a la fuerza se parecen, pero hasta ahí las similitudes», apunta Paloma Rivas que ambienta su novela en Cantabria. «La historia pedía oscuridad y en Málaga tenemos mucha luz, por eso me llevo la trama a Comillas, cuyo clima se presta a esta ambientación», explica la neuropsicóloga y escritora, que no esconde que tiró también de experiencias propias en la Residencia María Inmaculada de calle Victoria -donde vivió parte de su formación universitaria- para retratar la vida en su norteña y ficticia institución de chicas en la que se desarrolla su debut literario.
No hay respuesta para todo
Por las páginas también se habla de abusos sexuales, drogadicción, religión, creencias ancestrales y herencias del franquismo, que se cruzan con ese hilo conductor del misterio que esconde esta historia. Una novela que humaniza la salud mental, un tema hasta hace poco tabú, pero al que se le ha dejado de tener «miedo» tras la pandemia, como reconoce la propia Paloma Rivas que, no obstante, también alerta del efecto contrario. «La salud mental también se ha puesto de moda y eso no es bueno y me explico: en mi profesión hay mucha gente que viene al psicólogo a hablar de cosas que no son terapia, preocupaciones de la vida cotidiana u otros asuntos que la sociedad tiene que dar respuesta, no el terapeuta. Por supuesto que los atendemos, pero lo único que podemos hacer en esos casos es poner una tirita», explica con sinceridad la profesional y escritora, que como su novela tiene una mirada esperanzadora.
«Más allá de la trama, la mayoría de los personajes del libro quieren seguir luchando por su vida, por avanzar, por progresar y eso es relevante», reconoce Rivas que no oculta que la escritura se está convirtiendo en algo más que una aventura. «Me encanta escribir y además la editorial ya me está apretando para que acabe la segunda parte que tengo en marcha», revela la neuropsicóloga, que anuncia que su protagonista tendrá continuidad en la secuela que ultima en estos momentos. Lis de la Serna volverá a pasar consulta.
(Diario Sur. Francisco Griñán)
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